viernes, 28 de febrero de 2014

AGOSTO, OCTUBRE. Andrés Barba


Título: AGOSTO, OCTUBRE
Autor: Andrés Barba
Editorial: Anagrama
Fecha: 2010      
Páginas: 146
ISBN 978-84-339-7216-3
Una novela corta y perturbadora sobre un adolescente en plena etapa rebelde, provocadora y transgresora (caminó hacia la ría porque no se debía caminar hacia la ría). El  joven Tomás, que así se llama el protagonista, rememora un verano en que se ve envuelto en situaciones comprometedoras que le hacen traspasar una barrera intolerable.
La novela nos ofrece el conmovedor  retrato psicológico de un joven en pleno proceso de transformación hacia la madurez, en pleno proceso de construcción de su yo, en el momento crucial en que se está en la cuerda floja entre el camino correcto, para el que ha sido educado, y  el camino de la transgresión y la amoralidad, al que se ve arrastrado.
Asistimos, de la mano del autor, al despertar de Tomás  a la violencia, a las drogas, al deseo sexual, a la certeza de la muerte, a la atracción del riesgo. Aparece en la obra muy acertadamente la importancia del poder del grupo como fuerza  arrolladora de la voluntad individual.
Si la primera parte de la novela nos muestra el pecado, la segunda nos acerca a la necesidad de redención, de asumir y reparar las consecuencias negativas derivadas de unos actos, con el fin de  conseguir la aniquilación del remordimiento y obtener el perdón por y para uno mismo.  
Andrés Barba, autor al que a partir de ahora tendré muy en cuenta, porque me ha sorprendido muy gratamente, se ha servido de un estilo intimista, caracterizado por la sobriedad y en algunos pasajes, por el lirismo. Agosto, octubre ha resultado ser una gran novela, muy digna y recomendable por muchos motivos, por ejemplo por lo que tiene de revulsivo y por su capacidad de hurgar en la conciencia humana.

martes, 11 de febrero de 2014

WESTWOOD. Stella Gibbons


Título: WESTWOOD
Autor: Stella Gibbons
Traducción: Laura Naranjo y Carmen Torres García
Editorial: Impedimenta
Fecha: 2012 (cop. 1946)
Páginas: 460
ISBN 978-84-15130-21-5
La célebre autora británica Stella Gibbons (1902-1989) publicó esta novela en 1947, quince años después de su obra más conocida y mejor acogida por la crítica, La hija de Robert Post.
Westwood es un claro ejemplo de literatura inglesa donde  acompañamos a Margaret Streggles, la joven protagonista,  en su desarrollo personal y psicológico. Ella es una maestra romántica, soñadora, responsable y generosa, con aspiraciones culturales, pero también resulta un poco sosa y aburrida.
La novela comienza cuando ella y su convencional familia de clase media se trasladan a vivir a Londres donde pretende cumplir su sueño de introducirse en el ambiente artístico e intelectual de la ciudad. Efectivamente allí conocerá al famoso dramaturgo señor Challis, a su yerno, el pintor de moda Alex Niland y a los demás miembros de la familia cuya influencia irá propiciando su despertar a la realidad y su maduración personal.
Margaret admira e idealiza tanto a esta familia que,  ante los ojos atónitos del lector,  a veces se comporta como una perfecta idiota y ni siquiera reacciona cuando cae víctima de la sumisión y la humillación.  Menos mal que  a lo largo de la novela va madurando y aprendiendo a base de pequeños fracasos y desilusiones que le hacen bajar de las nubes y abrir los ojos a la realidad.
El contrapunto está en su amiga Hilda, muy diferente a ella, alegre, divertida, despreocupada y con una rica vida social y sentimental. Y en una especie de triángulo, si no amoroso, sí al menos  afectivo, está el señor Challis, culto, un poco arrogante, engreído y altanero que subestima a los demás, pero que se vuelve infantil y vulnerable cuando se trata de seducir a bellas jovencitas.
La novela se desarrolla con el trasfondo histórico del bombardeo de Londres durante la Segunda Guerra Mundial, aunque la verdad es que la guerra ocupa un muy segundo plano, es sólo un telón de fondo pues  los personajes pretenden llevar una vida normal.
Westwood posee todos los ingredientes típicos y tópicos de la cultura británica, el omnipresente té, la jardinería, el clima, las fiestas domésticas, la vida cultural y la naturaleza tan presentes en la vida londinense.
Es muy importante la ambientación de la novela plasmada en descripciones minuciosas sobre la flora, el paisaje, los bosques y paseos que abundan en la ciudad.
Westwood es una novela de estilo elegante y a la vez, sencilla y amena, con una historia muy bien contada, que se deja leer fácilmente y que recuerda a las típicas novelas costumbristas de finales del siglo XIX.  Por todo ello es una lectura recomendable a pesar de que no destaca ni sorprende en ningún aspecto concreto.

jueves, 6 de febrero de 2014

INTEMPERIE. Jesús Carrasco


Título: INTEMPERIE
Autor: Jesús Carrasco
Editorial: Seix Barral
Fecha: 2013
Páginas: 221
ISBN 978-84-322-1472-1

El argumento de esta novela no puede ser más sencillo y escueto, nos cuenta la fuga desesperada de un niño que tendrá que aprender a sobrevivir en una solitaria llanura en época de sequía.  En su deambular fugitivo por el páramo encuentra fortuitamente a un viejo cabrero que lo acompañará en su desesperación.
Intemperie es también, en cierto sentido, una novela de superación personal, de maduración, como bien reflejan estas palabras extraídas de la obra.
La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror, él había levantado la espada en lugar de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros y a los hombres, en seres invulnerables.
Los personajes son escasos pero bien perfilados y contundentes y actúan como el verdadero armazón de la historia. El protagonista es el niño que escapa de su casa y de su familia y aunque no sabemos exactamente cuál es el motivo, lo podemos fácilmente intuir gracias a las pistas que el autor va esparciendo a lo largo de las páginas del relato. Luego está el viejo pastor, callado y hermético como el campo, otra incógnita que se convierte en el transmisor intuitivo de una sabiduría primitiva y rústica. El tercer personaje importante es el alguacil, el perseguidor implacable y tirano que, acompañado de sus ayudantes, es el contrapunto de esta brutal historia.
Por otro lado es esencial para la configuración de la novela, y tan  importante como los personajes,  el papel representado por el paisaje natural en que se desarrolla. Intemperie es un título muy acertado para la obra porque sugiere lo que hallamos en el interior, un mundo rural duro y austero, donde se imponen las leyes de la Naturaleza,  una  naturaleza que aquí se nos presenta en su versión  inhóspita y despiadada.
Otro de los aspectos atractivos de la novela de Jesús Carrasco es el manejo de la elipsis, tanto en la forma como en el contenido. En la forma porque no hay referencias toponímicas ni temporales que nos permitan ubicar la novela con precisión, ni siquiera conocemos los nombres de los personajes. En el contenido, porque la información es sustituida muy hábilmente por la suposición, la sugerencia en torno a lo que rodea a la espina dorsal de la historia, nada sabemos del motivo exacto de la huida, de la vida anterior del pastor o de las relaciones precedentes de éste con el representante de la autoridad. Es todo un logro de la novela el hecho de que el silencio sea tan elocuente o más aún que las palabras. Austeridad en el fondo y en la forma, reforzada con una intencionada escasez de diálogos y de acción.
Sin embargo a pesar de la desnudez de la trama, a pesar de que no hay acción y de que el ritmo es más bien lento, el argumento consigue atrapar la atención del lector y despertar su curiosidad.
El autor se vale de un estilo narrativo sin adornos ni artificios, que huye de lo superfluo, un estilo sobrio y poético donde predominan las frases cortas y precisas y sin embargo cargadas de significado, donde no se nombra directamente sino que se sugiere de forma sutil.
La visión que el muchacho tenía de la llanura desde aquella sombra miserable se volvió acuosa. Las leves ondulaciones del terreno, los restos de la acequia y las montañas a las que se dirigían se deformaron en sus ojos.
También es importante la riqueza del vocabulario empleado, con abundancia de términos precisos, propios del mundo rural en general y de la ganadería en particular.
Intemperie es una gran novela que cala en el lector. El autor ha conseguido entretejer una historia muy bien contada, con fuerza y realismo, gracias entre otras muchas cosas, a la ya citada perfecta simbiosis entre la forma y el fondo. Todo un ejemplo de buena literatura que enriquece y hace grande este arte de la narración.