
Considera Murakami que para escribir novelas son necesarias tres cosas: talento, capacidad de concentración y constancia.
El libro cuenta con un trasfondo muy sutil directamente relacionado con la ética del deporte, porque a fin de cuentas el deporte es una filosofía de vida, es una forma de vivir y de estar.
Personalmente cuando comencé a leer este libro lo hice con cierto recelo, pensando que era algo demasiado personal del escritor, quizás algo así como un libro para fans ya que en él hablaba de sí mismo, de su afición a correr, de sus marcas en los maratones en los que participó… y a mí eso no me interesaba para nada, nada más lejos de mi interés que el mundo de los fans (¿o fanáticos?), a cada momento pensaba: “lo voy a dejar”, pero he aquí la magia de la escritura, pues me enganchaba la forma en que decía las cosas, amena, sencilla, humilde y sin ninguna pretensión. Descubría página a página que solo se trataba de unas reflexiones plasmadas en el papel pero que dichas así era como si charlaras con un amigo tomando un café y acabé la lectura casi sin darme cuenta.
Cito textualmente algunos párrafos:
“Lo importante es ir superándose, aunque solo sea un poco, con respecto al día anterior”
“Adquiero conciencia de que este ser que soy yo no es más que una minúscula pieza dentro del inmenso mosaico de la naturaleza”
“Ya a quienes tienen la suerte de librarse de morir jóvenes, se les privilegia con el preciado derecho de ir envejeciendo. Les aguarda el honor de su progresiva decadencia física. Hay que aceptar este hecho y acostumbrarse a él”.
“la única manera de tener dieciocho años hasta la muerte es morir con dieciocho años”
Nota: Es la segunda obra que leo de este autor, la primera fue Tokio Blues, novela "rara" "extraña" que despiertó mi curiosidad.
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